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Estado y démocracia en el pensamiento politico de Jean-Jacques Rousseau

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par Smith Augustin
Instituto filosà≥fico Pedro Francisco Bonà≥ - Licence en philosophie et sciences humaines 2008
  

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3.2.2- La Voluntad General: Vox populi, vox Dei

La voluntad general, por así decirlo, es la voluntad de todos los miembros del Estado: «La voluntad constante de todos los miembros del Estado es la voluntad general; por ella son ciudadanos y libres»80(*). Es pues la voluntad general la voluntad inviolable del pueblo como expresión de su soberanía. Ninguna voluntad puede ser del Estado y por eso, general, sin el consentimiento del soberano. Sin embargo, no lo es como suma de las voluntades particulares- la voluntad general también es indivisible- sino más bien como voluntad del bien general que siempre quiere infaliblemente el pueblo soberano. Por eso que «Para que una voluntad sea general, dice Rousseau, no siempre es necesario que sea unánime, pero sí es necesario que se cuenten todos los votos; cualquier exclusión formal anula la generalidad»81(*). Es decir, la voluntad general no puede ser una voluntad arbitraria sino que se determine siempre por el consentimiento general.

Además, al ser la voluntad general, la voluntad del pueblo, que siempre, según Rousseau, quiere bien para sí mismo, la voluntad general es infalible: «La voluntad general es siempre recta y tiende siempre a la utilidad pública» (...) es siempre al mismo tiempo la más justa, y que la voz del pueblo es de hecho la voz de Dios»82(*). Sumado a esto, en el mismo Discurso sobre la economía política, que Copleston, con razón, llama «un esbozo de la teoría de la voluntad general»83(*)-, Rousseau sostiene también su tesis de la infalibilidad de la voluntad general desde la teoría organicista con la cual intenta demostrar que el buen funcionamiento de un Estado depende, como un cuerpo, de que sea dirigido por una sola voluntad, o sea, por la voluntad misma del pueblo soberano como cabeza del cuerpo político que forma y que, como tal, nunca pueda tener otro interés que no sea el del cuerpo mismo: «El cuerpo político, individualmente considerado, puede entenderse como un cuerpo organizado, vivo y similar al del hombre. El poder soberano representa la cabeza; las leyes y costumbres son el cerebro, origen de los nervios y sede del entendimiento, de la voluntad y de los sentidos, cuyos órganos son los jueces y magistrados; el comercio, la industria y la agricultura son la boca y el estómago que preparan la substancia común; las finanzas públicas son la sangre de una sabia economía que, desempeñando las funciones del corazón, distribuye por todo el cuerpo el alimento y la vida, los ciudadanos son el cuerpo y los miembros que hacen que la máquina se mueva, viva y trabaje, de modo que cualquier herida que ésta sufra en una de sus partes llevaría de inmediato una impresión dolorosa al cerebro si es buena la salud del animal»84(*). Y a partir de eso concluye que cuando sea cuestión de mostrar cómo evitar la disolución de la voluntad general, prescribe Rousseau en el Contrato Social estas dos precauciones: «es importante (...) que no haya ninguna sociedad parcial en el Estado y que cada ciudadano opine exclusivamente según su propio entender (...).»85(*).

Con la segunda previsión, está claro que Rousseau quiere allí defender el principio de la libertad individual contra toda manipulación posible proveniente de fuera. Sin embargo, la primera merece una explicación más amplia. Rousseau al aconsejar que no deba existir sociedad parcial en el Estado, no está pretendiendo establecer un régimen arbitrario similar a los regímenes totalitarios que promueven ideologías uniformizantes tal como el fascismo de Mussolini por ejemplo: Un solo jefe y un solo partido. Su intención es más bien que no exista ningún partido, ya que no pueda existir ni uno que no pueda no ser parcial. Sólo debe reinar la Voluntad general, si bien que tampoco debe la misma eclipsar la libertad individual. Como lo recuerda Cassirer: «Pour lui (Rousseau) la vraie liberté, la liberté authentique ne réside pas dans le fait de se détourner ou de se détacher de la loi, mais dans le mouvement autonome de la volonté qui y adhère. Et la liberté se réalise dans la volonté générale, dans la volonté de l'Etat. Ce dernier s'empare sans la moindre réserve de l'individu, mais ce n'est pas alors en tant qu'institution de contrainte, car il ne fait ainsi que l'enrôler sous une obligation que l'individu lui-même juge valable et nécessaire, donc qu'il approuve en raison de ce qu'elle est, comme en fonction de ses propres intérêts»86(*).

Del mismo modo, dice Rousseau, evitando quizás una dictadura popular, ya que el pueblo puede escoger quedarse libremente callado ante una decisión de un cuerpo del Estado o también puede en algunas cosas equivocarse, lo más importante para que la voluntad sea general, encima del consentimiento general, es el interés común. Como lo dice Rousseau: «Hay con frecuencia bastante diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general; ésta no tiene en cuenta sino el interés común; la otra busca el interés privado y no es sino una suma de voluntades particulares»87(*).

Pero, Cómo concilia Rousseau entonces en el Estado las voluntades particulares con la voluntad general? Rousseau cree resolver eso enseñando a los miembros del Estado a ser buenos ciudadanos.

* 80CS, III, 2, p. 107.

* 81CS, I, 1, p. 26.

* 82DEP, p. 11

* 83 Frederick Copleston, op. cit., p. 76.

* 84 DEP, pp. 8-9

* 85 CS, II, 3, p. 29.

* 86 Ernst Cassirer, (1987), p. 32.

* 87CS, II, 3, p. 28

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